INTERNET DE LAS COSAS

Internet de las Cosas (Internet of Things, IoT) se define como una red de objetos físicos que contienen tecnología embebida para comunicar, medir o interactuar con sus estados internos o el ambiente exterior.

Los objetos y los sistemas con los que el ser humano puede interaccionar son: el teléfono móvil, el termostato de la calefacción, el coche, la llave de la puerta, la cámara de video, la TV, el sistema GPS y un largo etc. Todos estos pueden ahora ser controlados a través de la web. De esta manera el usuario puede conocer el estado de los objetos mientras que, a su vez, se recoge la información que los sensores instalados en él están capturando.

SCSI, Sistema Contextual para el Soporte a la Industria 4.0

SCSI es un sistema de soporte a las operaciones de fabricación en cadenas de montaje o de operaciones de mantenimiento en base a servicios contextuales de información.

Revolución Smart

En este momento convergen varios factores que han hecho posible esta revolución, como son:

  • La gran popularidad de las placas de hardware libre (como Arduino o Raspberry): facilitan el uso de la electrónica y la programación de sistemas embebidos, por lo que ahora es posible desarrollar prototipos hardware a un coste reducido.
  • El abaratamiento de los sensores: la reducción en los costes de los sensores ha permitido su integración en más dispositivos y acercarlos más a todos los ámbitos de la vida.
  • Mejora en la autonomía: las baterías son más pequeñas y potentes, y pueden conectarse directamente con Internet o con los dispositivos conectados a Internet.
  • La mejora de las comunicaciones: muchos de los protocolos de comunicación tradicionales continúan vigentes en IoT como, por ejemplo, las conexiones de red local vía Ethernet o de transmisión inalámbrica a través de conectividad móvil. Sin embargo, han surgido nuevos protocolos que han sido ideados pensando en el IoT y la comunicación entre objetos y a corta distancia, como BLE o NFC.
  • La irrupción de plataformas de IoT: esta ha servido como base para que los dispositivos estén interconectados y se genere un ecosistema propio. Estas plataformas son clave para facilitar el desarrollo de aplicaciones, software y servicios para la interconexión de personas y objetos.

Este gran cambio se ha introducido ya en nuestras vidas a través del concepto Smart. Ahora todos tenemos en nuestro bolsillo un Smartphone, vemos nuestras series favoritas a través de la Smart TV o controlamos nuestra actividad física a través de un Smartwatch. Muchos otros disponen de un termostato Smart para controlar la calefacción y los más avanzados controlan la iluminación o las persianas de su casa a través de su dispositivo móvil.

Sin embargo, esta revolución no sólo se ciñe al ámbito personal y del hogar, sino que se está introduciendo con fuerza en el mundo empresarial e industrial. Es por esto que ya no nos suenan extraños términos como Smart City, Smart Grid, Smart Logistics, Smart Agriculture, Smart Retail o Smart Banking, entre otros. Podemos afirmar sin miedo a equivocarnos que la revolución Smart ha llegado para quedarse y está en nuestras manos el aprovechar el amplio abanico de nuevas oportunidades que nos ofrece.

Arquitectura

A la hora de desarrollar cualquier proyecto de IoT es necesario contar con una arquitectura que tiene que integrar al menos estos elementos:

  • Dispositivos: existen diferentes tipos de dispositivos que forman parte del ecosistema IoT, pero los principales son los sensores para recoger información en bruto, los actuadores para controlar objetos y los sistemas de conectividad (WiFi, Ethernet, 3G/4G) para el envío de información al servidor.
  • Plataforma: capaz de almacenar la información en bruto para que pueda ser consultada y analizada. Por lo tanto, se encargará de ejecutar toda la lógica de la aplicación.
  • Front-end: proporciona la interfaz con el usuario final y permite mostrar la información recopilada y analizada a través de un dashboard o mediante informes.
  • Integración: la plataforma tiene que disponer de la capacidad para poder integrarse con otros sistemas de información como ERP, CRM o CMS, y de esta manera poder dar una nueva dimensión al sistema.

Potencial IoT

Se estima que se necesitarán aún algunos años para que el Internet de las Cosas esté ampliamente extendido, principalmente debido al reto que suponen cuestiones como la seguridad, las políticas de privacidad, los estándares de datos y de las redes inalámbricas.

La cantidad de objetos que están conectados a Internet crecerá exponencialmente en los años venideros. GSMA (Groupe Speciale Mobile) estima que en 2020 habrá 24.000 millones de dispositivos conectados, mientras que Cisco y Ericsson afirman que se alcanzarán los 50.000 millones.

El verdadero valor del Internet de las Cosas y su impacto de negocio reside en sus aplicaciones, que en definitiva son la traducción de lo que se decide hacer con la gran cantidad de información capturada a través de los dispositivos conectados.